He ido a un par de presentaciones de libros. No termino de encontrarles sentido, no siempre el autor tiene talento de presentador o de lector oral de textos.
Pero bueno, será que estoy más acostumbrado a encontrarle sentido a una presentación musical o teatral, sobre todo si yo soy el músico. Si algún día yo publicara un libro, probablemente pediré no ir a la presentación.
Eduardo Allende, un bloguero retirado, decía algo al respecto un par de años atrás.
Me disgustan, en general, las presentaciones de libros. Suelen parecer la representación teatral de un anuncio por parte de una compañía de tercera. La liturgia es muy semejante en todas ellas. Primero algún escritor más o menos conocido y reclutado para la ocasión se deshace en elogios provocando el rubor del autor y a veces hasta el del público. Luego, el autor, la persona menos indicada para hacerlo, toma la palabra para…, bueno no se sabe muy bien para qué, cosa que suele acarrear severas miradas del representante de la casa editora. Y todo queda casi siempre en eso. Son escasísimos los autores que verdaderamente han ascendido al olimpo editorial y se pueden permitir un tercer capítulo, la dispensa a los asistentes de pinchos de tortilla y unas copillas de vino o cerveza.

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