El año pasado descubrí a Roberto Bolaño. Fue genial descubrir su literatura por primera vez. Primero me leí todos los cuentos que pude conseguir y el paso siguiente era empezar con sus demás libros. Los más sonados son Los detectives salvajes y 2666. Sin embargo, pensando en dejar lo mejor para último, pensé en leer sus anteriores libros. Así, leyendo la Wikipedia que todo lo sabe, encontré a La literatura nazi en América.
A primera vista, me pareció que el libro había de ser una especie de estudio o aluna obra de ficción sobre algún recopilador. Cuando la conseguí y empecé a leer me llevé una sorpresa. El libro comienza contado la vida de literatos que tuvieron que ver de alguna manera con el nazismo. Como si fuera una enciclopedia, Bolaño se dedica a reseñar la vida y obra de los autores. Cuándo y dónde nacieron, cuáles fueron sus obras, con quién se juntaban.
Conforme avanzaba la lectura, descubrí lo que debió haber sido evidente desde el principio: Bolaño se inventó todo lo que está en el libro. Escritores, títulos de novelas, poemarios y colecciones de cuentos. Citas de periódicos. Todo es inventado. A no ser, claro, que el Bolaño juguetón nos haya colado un poco de realidad entre tanta ficción.
Bolaño también entrelaza la vida de los autores que inventó. Los hace viajar en el tiempo, al futuro. Hay autores que se mueren en la segunda mitad de este siglo. El libro fue publicado en 1996, pero ya hay referencias a los mundiales de fútbol del 2002 hasta el 2010. Como si Bolaño esperara que cuando llegara el día en que el último escritor inventado murió, se termine la gran broma que había inventado para entretenernos.

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