¿Por qué llamamos pisto al dinero? (Guatemala)

Quetzales
¿Por qué llamaremos nosotros pisto al dinero? ¿Será un modo disfrazado de decir que todos andamos a la pista de él, o que todos le seguimos la pista?

En el tiempo de nuestros cándidos abuelos se disimulaba, hasta donde era dable, la afición al dinero.  Si una señora de cierta posición (es decir, de posición incierta) abría una tienda, no era por ganar, sino por entretenerse. El jugador que pasaba la vida en los garitos desvalijando a sus prójimos, lo hacía por distraerse, no por especular.

Hoy somos más francos y no nos contentamos con tributar al divino metal un culto interno. Se le persigue a sol y a sombra y nadie se toma el trabajo de ocultar su ternura por él. Hay, si se quiere, menos avaricia que antes; pero en cambio hay más codicia. Hace un siglo los ricos amontonaban el dinero por el placer de verlo. La generación actual lo quiere para echarlo por las ventanas, como un huésped molesto.

Esta es una regla que, por supuesto, admite algunas excepciones. Hay todavía ricos que quieren el dinero para guardarlo y darse una vida de perros. Esos son maniáticos a quienes es preciso compadecer. Hay otros, aunque pocos, que emplean su dinero en socorrer o servir a sus semejantes, y esos son hombres dignos del respeto de la sociedad.

José Milla (1822-1882) en El canasto del sastre.


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