Al toparnos con un embotellamiento de tránsito, es fácil recordarse de la teletransportación que utilizan los personajes en las películas y la serie de televisión de la saga Star Trek.
Sin embargo esto no es posible, y no porque no tengamos tecnología, sino por razones físicas.
Así lo explican en Malaciencia:
Sencillamente no podemos obtener toda la información de todas las partículas que forman un objeto. El principio de incertidumbre (de Heisenberg) nos lo impide, y si no podemos obtener toda la información, lo que se reconstruya en el destino no será una copia idéntica de lo que había en el origen. Tal vez haya quien piense que se trate de una limitación temporal, debido a nuestra tecnología actual, pero como comenté en un par de ocasiones, la indeterminación no es debida a nuestra forma de medir el estado de una partícula, sino a que la propia naturaleza es intrínsecamente «borrosa».
En el universo Trek, se supone que este problema es resuelto por un artilugio llamado «compensador de Heisenberg» que supuestamente permite saltarnos esa limitación. Pero no es más que un artificio de guion, tan irrealizable como una máquina de movimiento perpetuo.
El principio de indeterminación de Heisenberg afirma que no se puede determinar a la vez con exactitud el movimiento y posición de las partículas. Un principio comprobado científicamente.
El post de Malaciencia, acaba, después de hacer una brillante explicación de la imposibilidad de la teletransportación, haciéndose un cuestionamiento moral:
Si te desintegran y luego reconstruyen tu cuerpo en otro lugar, ¿eres realmente tú el que aparece en el destino? ¿Te has teleportado o te han asesinado y creado un doble tuyo? Pensad en qué ocurriría si en el origen no se desintegra el cuerpo y sigue vivo. Tu no te habrías movido, pero habría un doble tuyo por ahí ¿no? ¿Y si en ese momento, para intentar arreglar las cosas, te pegan un tiro? ¿Sigues pensando que te has teleportado?

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